El Ciclo menstrual y el rendimiento del ejercicio
Las hormonas ováricas estrógeno y progesterona ejercen sus efectos fisiológicos al unirse a receptores específicos, es decir, receptores de estrógenos y receptores de progesterona (Davis & Hackney, 2017). Estos receptores se encuentran en muchos tejidos, incluyendo el sistema musculoesquelético (huesos, ligamentos, tendones, músculos), así como en los sistemas cardiovascular, respiratorio y nervioso central. Como resultado, los cambios en el estrógeno y la progesterona a lo largo del ciclo menstrual pueden influir en múltiples sistemas fisiológicos, todos ellos importantes para el rendimiento del ejercicio. Constantini y otros (2005) propusieron un marco que muestra los diferentes componentes del rendimiento del ejercicio que podrían verse afectados por el ciclo menstrual. Este modelo ayuda a explicar cómo las fluctuaciones hormonales pueden afectar a la fuerza, el rendimiento aeróbico y el anaeróbico. Por ejemplo, se cree que el estrógeno tiene efectos anabólicos sobre el sistema musculoesquelético (Alexander y otros, 2022; Chidi-Ogbolu & Baar, 2019; Lowe y otros, 2010) y está relacionada con cambios en el metabolismo, incluyendo una mejor acumulación de glucógeno muscular y un aumento del uso de grasa durante ejercicios de resistencia (Boisseau & Isacco, 2022; Hackney y otros, 2021). En cambio, la progesterona puede tener efectos antiestrógenos (Frankovich & Lebrun, 2000). Estos cambios hormonales sugieren que el rendimiento puede variar a lo largo del ciclo menstrual. En conjunto, esta dinámica hormonal sugiere que las variaciones en el rendimiento a lo largo del ciclo menstrual son posibles y podrían estar impulsadas por los cambios en los perfiles hormonales ováricos que caracterizan cada fase.
Aunque es posible que los cambios en las hormonas ováricas puedan tener efectos positivos o negativos sobre el rendimiento del ejercicio, no está claro si estos cambios provocan diferencias medibles en el rendimiento del ejercicio. La evidencia actual es inconsistente y, en ocasiones, contradictoria. Algunos estudios informan de una mejora en el rendimiento en fases específicas, como la folicular temprana (Campbell y otros, 2001; Pallavi y otros, 2017; Tenan y otros, 2016), las fases folicular tardía (Bambaeichi y otros, 2004) y las fases lúteas medias (Ekenros y otros, 2013; Oosthuyse y otros, 2005). Otros estudios no encontraron diferencias en el rendimiento a lo largo del ciclo (Casazza y otros, 2002; De Jonge y otros, 2001; Dibrezzo y otros, 1988; Elliott y otros, 2003; Vaiksaar y otros, 2011). Recientes revisiones narrativas (Carmichael y otros, 2021) y sistemáticas (Blagrove y otros, 2020; McNulty y otros, 2020) apuntaron a identificar, evaluar y sintetizar la evidencia disponible sobre los efectos de la fase del ciclo menstrual en el rendimiento del ejercicio. Cabe destacar que McNulty y otros (2020) realizaron una revisión sistemática y un metaanálisis de 78 estudios y encontraron que, en promedio, el rendimiento en fuerza y resistencia podría ser ligeramente inferior durante la fase folicular temprana en comparación con otras fases. Centrándose exclusivamente en los resultados relacionados con la fuerza, Blagrove y otros (2020) encontraron de forma similar solo efectos pequeños o triviales de las fluctuaciones hormonales en el rendimiento de la fuerza. Sin embargo, es importante señalar que ambas revisiones destacan consistentemente la baja calidad global de la evidencia en esta área y la variabilidad sustancial (por ejemplo, metodología, conclusiones, etc.) entre estudios.
Desde un punto de vista práctico, la evidencia actual no justifica recomendaciones amplias o prescriptivas sobre la modulación del rendimiento del ejercicio basándose en la fase del ciclo menstrual. Por ejemplo, actualmente no hay pruebas sólidas que sugieran que el rendimiento se reduzca o mejore durante ninguna fase del ciclo menstrual. Por lo tanto, hasta que se disponga de investigaciones más sólidas y de alta calidad, se aconseja que las deportistas y los preparadores físicos que trabajan con ellas, sean conscientes de los posibles efectos del ciclo, pero los ajustes deben ser individualizados en función de las experiencias y respuestas de cada deportista.
Otros factores también pueden influir en el rendimiento, como la percepción de las deportistas y los síntomas relacionados con el ciclo. Específicamente, se informa que entre el 36 y el 93 % de las deportistas perciben que su ciclo menstrual influye en su rendimiento (Armour y otros, 2020; Bruinvels y otros, 2021; Findlay y otros, 2020; Heather y otros, 2021; Martin y otros, 2018; Solli y otros, 2020). Para respaldar esto, una revisión narrativa encontró que aproximadamente el 71% de las deportistas sintieron que su rendimiento se veía afectado durante fases específicas de su ciclo menstrual (Carmichael y otros, 2021). Una posible razón para estos efectos percibidos podría ser la influencia de los síntomas relacionados con el ciclo. Por ejemplo, las fluctuaciones cíclicas de las hormonas ováricas a lo largo del ciclo menstrual se han asociado con una variedad de síntomas físicos (por ejemplo, dolor menstrual, dolor en los pechos e hinchazón) y psicológicos (por ejemplo, cambios de humor, ansiedad e irritabilidad) (Dickerson y otros, 2003; Ferries-Rowe y otros, 2020; Yonkers y otros, 2008), que probablemente sean incompatibles con el rendimiento óptimo de las deportistas.
Existen investigaciones que indican que estos síntomas relacionados con el ciclo son comunes entre mujeres que menstrúan de forma natural y son físicamente activas (Armour y otros, 2020; Brown y otros, 2021; Bruinvels y otros, 2021; Chica-Latorre y otros, 2025; Crawford y otros, 2025; Findlay y otros, 2020; Martin y otros, 2018; Nolan y otros, 2022) y a menudo se asocian con percepciones negativas del rendimiento en el ejercicio, especialmente durante la fase folicular temprana (McNulty y otros, 2023). Por último, factores reales como el estigma menstrual, la elección de vestimenta/uniforme, el acceso a baños, el acceso a productos menstruales y la eliminación de residuos también pueden influir en el rendimiento, como se ha observado en entornos recreativos (Kolić y otros, 2024). Además, factores de estilo de vida como el sueño, la nutrición y el estrés, que comparten una relación bidireccional con las hormonas ováricas, podrían modular aún más los resultados del rendimiento a lo largo del ciclo (McNulty y otros, 2021). En conjunto, estos hallazgos subrayan la importancia de considerar todos los aspectos de las influencias del ciclo menstrual, en lugar de centrarse únicamente en los efectos fisiológicos de las hormonas ováricas, cuando se busca optimizar el rendimiento en las jugadoras de rugby.
Consejos para el entrenamiento:
- Tener en cuenta que los cambios hormonales durante el ciclo menstrual pueden influir en el rendimiento, pero esto es diferente para cada deportista, por lo que cualquier cambio debe analizarse y manejarse individualmente.
- Prestar atención a cómo se siente cada deportista respecto a su ciclo menstrual y a los síntomas que experimenta, no solo a los cambios hormonales, para comprenderlo totalmente.
- Abordar barreras medioambientales y sociales, como el acceso a productos menstruales o vestimenta (por ejemplo, pantalones cortos blancos), ya que pueden afectar directamente al rendimiento.