Anatomía del pecho femenino
Anatómicamente, existe una gran variabilidad entre los pechos femeninos, especialmente en cuanto a tamaño, forma, densidad, grosor de piel y composición relativa. Aunque todas las mamas femeninas están formadas por tejido glandular, tejido adiposo y tejido conectivo, la composición porcentual de estas estructuras varía según la edad, el estado hormonal, la cantidad de veces que ha dado a luz y la masa corporal, y tiene implicaciones para el comportamiento biomecánico de los pechos (Gehlsen y Stoner, 1987; Torres-Mejía y otros, 2005; Gefen y Dilmoney, 2007; McGhee y Steele, 2020; Galbreath y Goswami, 2025). El tamaño y la forma de los pechos femeninos también varían mucho (McGhee y Steele, 2011; Coltman, Steele y McGhee, 2018; McGhee y Steele, 2020; Brooke R. Brisbine y otros, 2020a), y hay investigadores que reportaron volúmenes mamarios que oscilan entre 48 y 3100 ml en la población femenina general (Coltman, Steele y McGhee, 2017) y entre 85 y 1616 ml en poblaciones atléticas (Brooke R. Brisbine y otros, 2020a; Brisbine y otros, 2025). Aunque la masa mamaria puede superar un kilogramo (Gehlsen y Stoner, 1987; Turner y Dujon, 2005; McGhee y otros, 2013), los pechos no tienen soporte muscular ni esquelético y en su lugar solo se sostienen por la piel suprayacente de la parte anterior del tórax y una red de ligamentos suspensores internos (Mason, Page y Fallon, 1999; Gaskin, 2017; McGhee y Steele, 2020; Galbreath y Goswami, 2025). Este soporte anatómico limitado hace que los pechos sean susceptibles a movimientos excesivos y dolor asociado, así como a lesiones por fricción y contacto, que contribuyen a posibles problemas de salud y que van en detrimento del rendimiento de las mujeres que practican deporte, especialmente el rugby.